Recuperando la confianza: España SA 2015


El pasado XVIII Foro anual del Club Excelencia en Gestión (CEG), bajo el lema “España S.A. 2015” evidenció la necesidad de identificar claramente las fortalezas actuales y de futuro, como país y como empresa, y de apostar de manera decidida por el refuerzo de ciertas palancas, entre las que la innovación, la transformación y la excelencia ocupan un papel clave.

Sólo a partir de ahí, se podrán abordar con éxito las oportunidades que se presentan en el escenario internacional y que exigen un replanteamiento de España y sus organizaciones.

El objetivo: elaborar un plan estratégico que permita estar en disposición de desempeñar en el 2015 un papel relevante en el nuevo orden ecoPalmira Lopez Fresnonómico internacional.

Para profundizar en esas fortalezas y palancas, así como detectar los posibles frenos y cómo superarlos, el Comité Científico responsable del Foro se dio cita en la sede del CEG, presidido desde abril por Juan Antonio Zufiria.

El encuentro del Comité, inspirado por el mismo empuje que el presidente transmitió durante el pasado Foro (“Tenemos la capacidad, el talento y sólo nos hace falta echar para delante”), simboliza el primer paso de esa andadura llamada a recorrer por Juan Antonio Zufiria. Con el mismo espíritu reivindicativo del que entonces hizo gala el coordinador de Economía del PP, Cristóbal Montoro (“Somos una economía con mucho potencial, en un momento de pérdida de confianza”), los participantes resaltaron las bondades y excelencias de España, sin olvidar la crítica para los defectos y carencias.

A continuación, se recogen las principales reflexiones de la reunión, moderada por Palmira López Fresno, delegada en Cataluña del CEG; que contó con las aportaciones de Juan Liquete, secretario general del CEG; Ignacio Babé, coordinador del Foro de Excelencia del CEG; Felipe Portocarrero, colaborador del CEG, y Plácido Fajardo, coordinador del Foro de Capital Humano Emprendedor del CEG.

Una buena materia prima…

Uno de los primeros objetivos de la Comisión fue intentar componer una fotografía global, lo más fiel y completa posible, de las competencias de España como país, centrada en aquellos sectores y factores de mayor fortaleza. A partir de las preguntas lanzadas por la moderadora: ¿qué vende España al exterior?, ¿en qué somos buenos?, ¿en qué podemos apalancar el PIB?, se llegó a las siguientes conclusiones:

l El sector de las telecomunicaciones, en palabras de Ignacio Babé, “tiene un lugar relevante a nivel internacional y está en una magnífica posición desde hace años; sin embargo, otros sectores tradicionales –como la automoción- están en declive, pese a que España ha sido uno de los tres primeros productores de automóviles en Europa”.

l Por su parte, Juan Liquete abogó por hablar de empresas frente a sectores, para destacar –entre otros– el caso de Inditex, “que nos lleva al sector textil o el caso del Grupo Antolín, que nos lleva al sector de automoción, y a toda una cohorte de empresas, en mi opinión paradigmáticas”. Destacó también la repercusión de empresas del sector de la construcción, eléctricas, telecomunicaciones, hoteleras, empresas de restauración, así como hospitales, renovables… y bancos, pues “no hay que olvidar que algunos de los mejores bancos del mundo son españoles”. Es decir, un reconocimiento al sector financiero. Igualmente, puso el acento en el amplio talento nacional, de prestigio mundial: “Tenemos grandes deportistas, científicos, directivos, los mejores cocineros, actores, músicos…”.

l Acerca del sector financiero, Felipe Portocarrero matizó la cara y la cruz de una misma moneda: “Frente al liderazgo de los bancos privados, las intromisiones políticas frenan el desarrollo y la plena expansión de nuestra cajas de ahorros”.

l Plácido Fajardo remarcó la fortaleza del sector energético, “especialmente la parte de renovables, referida a tecnología para la utilización eficiente de la energía. Se trata de ponerle inteligencia a la gestión energética”. También llamó la atención sobre el mundo de Internet y las TIC, que gira alrededor de las telecomunicaciones, “donde ahora se difuminan los límites entre los diferentes eslabones de la cadena de valor: los proveedores de contenidos quieren entrar en la parte de soportes, los fabricantes tradicionales de soportes también quieren participar en los contenidos, las operadoras -que sólo ponían la red- ahora quieren involucrarse en el valor de quienes van por ‘esa carretera’ que ellos facilitan, y no sólo poner la ruta”. Es decir, se presentan alternativas interesantes que España está aprovechando bien, según Fajardo: “Sin duda, el mundo de las redes sociales va a traer modelos de negocio y, cada vez más, la gente estará dispuesta a pagar por ello. Surge un mundo de oportunidades que requiere de mucho talento, poca necesidad de financiación y que, poco a poco, tendrá modelos que aporten actividad económica y rentabilidad”.

l Igualmente significativo es el caso de los grandes operadores de servicio y de concesiones. Ejemplos como la gestión del metro de Londres, las autopistas de Canadá y Chile o la ampliación del Canal de Panamá recaen en empresas españolas.

A la claridad de competencias en ciertos sectores, se suma la identificación de las fortalezas con las que cuentan España y sus empresas para posicionarse óptimamente a nivel internacional.

Sobre este punto, el Comité convino en destacar la creatividad, el ingenio, la flexibilidad, la tolerancia, el talento y una cada vez mayor diversidad que, bien gestionada, supondrá un mayor enriquecimiento. Ignacio Babé es un convencido de ello: “Creo que la diversificación social que España ha tenido en los últimos años será un revulsivo para que no nos conformemos. Ha entrado sangre joven, ya hay muchos niños españoles de padres extranjeros, y eso nos va a ayudar en el futuro”.

Por su parte, Portocarrero subrayó la capacidad de adaptación al cambio y la tolerancia, como rasgos relevantes e inherentes al carácter español. Sobre el talento, Fajardo puntualizó que “si bien tenemos mucho, debe estar constantemente adaptándose a las necesidades, ya que el talento entendido como conocimiento técnico es una condición necesaria, pero no suficiente. Hay que acompañarlo de otras cosas”.

Pero muy mal vendida

¿Vendemos bien España como marca? ¿Tenemos complejos?

Sobre la palestra aparecieron reflexiones sobre los handicaps más tradicionales: la falta de internacionalización de nuestras empresas, la pereza de los propios españoles para salir de sus fronteras, la timidez para hablar inglés en foros internacionales… Una pequeña suma de grandes deficiencias que da un total de falta de competitividad.

Apuntaba Juan Liquete que “no generamos confianza” o, como decía Babé, “no hemos sido capaces de vender nuestras virtudes”. Para el coordinador del Foro de Excelencia del CEG: “Mientras los italianos venden su pizza por todo el mundo, o los franceses sus salsas, nosotros seguimos siendo percibidos como un país alegre y caluroso, pero no hemos sido capaces de exportar un modelo de negocio basado en eso. Ni siquiera hemos explotado como se merece el concepto de tapa, algo tan genuino y nuestro”.

Junto a esto, Portocarrero y Fajardo se lamentaron especialmente de la “pérdida de oportunidades que estamos dejando pasar en el exterior, no sólo en Asia, sino también en países de Latinoamérica, del Este y africanos, donde hay mucha infraestructura que construir”. Y lo que es aún peor, parece que las distancias se expanden incluso dentro del propio país: “Cada vez es más difícil conseguir talento nacional dispuesto a cambiar de residencia y moverse de una ciudad a otra; de hecho, entre Madrid y Barcelona se están abriendo dos abismos”. Por encima de políticas y lenguas, Ignacio Babé lo tiene claro: “Debemos potenciar España de manera completa, sumando cada una de las particularidades que la componen”.

Ahondando en los factores técnicos que inciden en la competitividad, aparece en la conversación un tema ampliamente debatido: la productividad.

Detectando frenos

En un país influido por el presencialismo (“algo que parece haberse contagiado del funcionariado al resto de la sociedad”, en palabras de Babé), incapaz de conciliar los horarios laborales y familiares o de adaptar sus largas jornadas de trabajo al resto de Europa, el problema de la productividad se acentúa todavía más. Felipe Portocarrero critica, en relación a ésta, la actitud pasiva de la sociedad civil y empresarial, en general, frente al actual gobierno, “que debe actuar de una forma coherente”.

Para Ignacio, “ser productivos significa hacer más con menos recursos, y éstos no son sólo económicos”. Juan Liquete subrayó, al igual que hiciera Cristóbal Montoro durante su intervención en el Foro, “el gran problema de balanza de pagos que tenemos” y abogó por medidas que favorezcan la competitividad: “Si no salimos más es porque o bien nuestras empresas no se atreven o bien porque lo tienen muy difícil, ya que la legislación laboral y el entorno actual ayudan poco”.

Todos los miembros reconocieron la importancia de tender puentes más efectivos entre la universidad y la empresa, para que el conocimiento se transfiera de manera natural y para que “la investigación y producción científica, que sí es muy buena”, resuelva necesidades reales. Para el Comité, España requiere mayor espíritu emprendedor, y éste debe comenzar a gestarse en el entorno universitario, “empezando por rescatar y promover la cultura del esfuerzo entre nuestros jóvenes”, tal y como apuntó Juan Liquete.

A pesar de la escasa inquietud emprendedora, para Ignacio Babé “hay en la llamada era digital algún ejemplo, porque tenemos creatividad, talento e ingenio, pero no de una manera institucional”, algo en lo que coincide el secretario general del Club Excelencia en Gestión: “La creatividad e imaginación nos son congénitas, pero escasea el espíritu emprendedor o dicho de otro modo, la ambición a nivel colectivo”.

Otro de los frenos detectados hace referencia a la complicada gestión de la diversidad generacional, empezando por el entendimiento de las nuevas motivaciones que la mueven. Según Plácido Fajardo, es imprescindible “ser consciente de que estamos ante una generación que busca y vive en la intensidad e inmediatez permanente, que necesita desarrollar su prestación en un entorno más libre, sin supervisión estrecha, lo cual no implica un menor compromiso por su parte”. En definitiva, se trata de compaginar las nuevas motivaciones con el mundo laboral, “con el fin de dar salida al 40% de paro juvenil que actualmente tenemos en España”, matiza Liquete.

Conscientes de las dificultades del entorno para las nuevas generaciones, todos los presentes coincidieron en su complejidad para retener el nuevo talento, así como en la falta de estímulos para la juventud, “acomodada en un estado de bienestar que no corresponde a la realidad”, en palabras de Felipe Portocarrero, “y que ha ido convirtiendo a España en un ‘retiro dorado’, donde el trabajo y el esfuerzo no se valoran”. Un debate secundado por Fajardo, quien afirmaba que “cada vez se habla más de Europa como parque temático de ocio y turismo, y de Oriente como centro de trabajo y oportunidades”.

Liderazgo arrollador y con amplitud de miras

¿Cómo romper los círculos viciosos? ¿Qué liderazgo se requiere para hacer posible un posicionamiento futuro competitivo? ¿Por dónde empezamos?

Situando de nuevo al sistema educativo en el centro, Plácido Fajardo sostiene que “hace falta que los modelos de liderazgo de emprendedores económicos que han conseguido grandes cosas, también pasen a ser modelos admirados por nuestros jóvenes”. Es decir, urge que emprendedores de éxito transciendan el ámbito empresarial y “se conviertan en referentes para la gente joven y para la sociedad en general”.

En opinión de Juan Liquete, “romper los círculos viciosos en los que estamos metidos requiere de importantes pactos con los que toda la sociedad se movilice en una determinada dirección. La España del 2015 es un trabajo de todos. Ni el empresariado, ni los políticos ni la universidad en solitario, la podrían hacer”. Por este motivo, Liquete defiende que “el gobierno del Estado debería intervenir para poner de acuerdo a las fuerzas vivas de la sociedad y movilizar a España con ambición. Habría que hacer un llamamiento social para que todos contribuyéramos de manera colectiva, y no movidos por un interés particular”.

El secretario general recuerda el espíritu de los Pactos de la Moncloa, “donde todo el mundo tuvo el convencimiento de que la situación era grave y requería un cambio. Necesitamos alguien que tenga visión y grandeza a partes iguales. Suárez la tuvo, Obama ha conseguido algo similar en un país más complejo… ¿por qué no puede surgir un personaje así entre nosotros?”.

Profundizando en esta idea, Ignacio Babé llama la atención sobre el concepto de innovación social: “Hace falta promover, desde la sociedad civil, la aparición de algo/alguien que movilice. La gente está buscando un mensaje diferente, alguien que contagie un poquito de optimismo, que decida salir de lo habitual para intentar algo nuevo, como lo que ha ocurrido con el Gobierno británico”; en lugar de un “gobierno que actúa como consecuencia de factores exógenos que le hacen reaccionar”, según la consideración de Plácido Fajardo en relación a la situación económica de España.

Principales conclusiones

Antes de finalizar, Palmira López Fresn, delegada en Cataluña del CEG (que ejerció como moderadora de la mesa), recapituló las principales conclusiones del encuentro. Así, la fotografía actual del país queda conformada por la fortaleza de ciertos sectores/áreas, como son: telecomunicaciones, renovables, tecnologías de la información, turismo y ocio, financiero, ingeniería y sanidad, éste último un sector con gran potencial que no se está explotando bien; y de los siguiente factores/rasgos: diversidad, creatividad, ingenio, flexibilidad, tolerancia y talento, especialmente la parte del talento que hace referencia al conocimiento técnico.

A pesar de estos puntos fuertes, López Fresno subrayó la dificultad para vender España, como marca, en el exterior, justificada fundamentalmente por la incapacidad de generar confianza. Entre las principales barreras que contribuyen a esa percepción, se encuentran los problemas/carencias relacionados con varios temas: la movilidad, la confianza en nosotros mismos, la productividad (donde afectan cuestiones como los horarios, el presencialismo, la formación y educación), la falta de espíritu emprendedor, la legislación laboral, las infraestructuras, la cultura del esfuerzo y la innovación social.

Finalmente, el Comité Científico hizo hincapié en la necesidad de aunar fuerzas para definir una visión común, abanderada por ese liderazgo movilizador, capaz de definir y hacer viable un verdadero plan estratégico de España como país, como conjunto de organizaciones, que arrastre a toda la sociedad, que explote nuestros potenciales y que devuelva el entusiasmo por hacer de España el país competitivo que todos ansiamos. Con ese objetivo, el Club Excelencia en Gestión se compromete en seguir trabajando en la mejora y transformación tanto del país como de sus organizaciones, para que compitan y se desarrollen en la economía global, y ejerciendo su responsabilidad como líder de opinión en los entornos de dirección

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